“Los tiempos difíciles crean hombres fuertes; los hombres fuertes crean tiempos fáciles; los tiempos fáciles crean hombres débiles; los hombres débiles crean tiempos difíciles”

¿Dónde estamos ahora? ¿Qué tipo de hombres somos? Qué tiempos vienen?

Este es, según Michael Hopf, el ciclo de la historia de la humanidad. Es un análisis simple del comportamiento humano, pero bastante certero a mi parecer.

Tras el primer día entero en Roma, lo que más me impresionó, como también a muchos de los que han visitado la capital de Italia, es su resistencia al paso de los siglos. La ciudad es, por eso, eterna. Sobrevivió a todos los tiempos y a todos los hombres durante casi 3000 años.

20 mil pasados andamos desde las 8h de la mañana hasta las 18h de la tarde para callejear por Roma. Empezando en Via Quintino Sella por Via Venti Settembre y Via Quirinalle hasta los foros Romanos. Y desde allí, recorrer guiados por Roberta, nuestra guía y antigua restauradora de arte romano, una parte del centro histórico.

De inmediato empezó el asombro ante semajante museo al aire libre. Columnas de mármol, que con la ayuda de la guía, nos estimulaban la imaginación para fantasear que habitábamos allí, entre enormes edificios y templos, desde muchos siglos antes de Cristo, y seguíamos allí, muchos siglos después.

La Monarquía, la República y el Imperio Romano. Civilizaciones y civilizaciones. Hombres y mujeres. Rómulo, Octaviano, Marco Agripa, Augusto, Marco Aurelio, Diocleciano entre muchos otros. Iglesias, templos, arcos y colinas que vieron como las civilizaciones se sucedían y la humanidad evolucionaba. Construcciones que fueron concebidas para demostrar poder, venerando a dioses y honrar los grandes triunfos en batallas trascendentales. Permanecen hoy, erguidos en parte, para deleite de sus visitantes y como prueba irrefutable de lo que fue la historia de occidente.

Cada era tiene su emperador y cada emperador tiene su emplazamiento en los foros. Hasta Mussolini quiso su parte mandando construir la Via dei Fori Imperiali, que divide en dos partes a los foros, a su izquierda y derecha.

Tras dos horas, pendientes de las instrucciones de la guía, coronamos el Palatino. Desde allí, pudimos presenciar ampliamente la expansión de los foros para más tarde dirigirnos hacia el este y disfrutar de una de las 8 maravillas del mundo, el Coliseo Romano. 240 arcos, y en cada uno de ellos, una piedra angular, permitiendo levantar en tan solo 10 años (entre el 70 y 80 d.C) y gracias a 3000 hombres, una imponente obra arquitectónica que también permanece impasible al transcurso del tiempo.

Bien podría ser Roma, la piedra angular de Europa. Sobre sus cimientos, se sostuvieron imperios, emperadores, ideas y una cultura que, salvando los siglos, permanece.

Plato de pasta y helado mediante, paseamos por el centro histórico de la ciudad, acercándonos a visitar varias plazas e iglesias, entre las que destacan; la Basilica de Santa Maria Sopra Minerva, en la piazza Minerva; y también, pero en obras, la piazza Navona.

Ya con el cansancio persiguiéndonos, a las 17:30h de la tarde, nos dirigimos al Panteón.

El tiempo de los dioses permanece allí desde la antigüedad, es impresionante como puede un templo de esas dimensiones (43 x 54 m), soportar el paso de los siglos, exactamente desde el 27 a.C, con esa integridad apabullante.

Antes de acceder a su interior, las columnas gigantes, hacen que los que hacemos cola para entrar seamos minúsculos. Una vez dentro, su cúpula se adueña de toda nuestra atención por su tamaño, uniformidad y luz. Ese haz, penetra desde el cielo romano a través de un gran óculo, sin restricciones, para iluminar por dentro la construcción de hormigón en masa más grande y mejor conservada del mundo.

Según explican, el óculo da vida al Panteón, pues le facilita la luz y es fundamental arquitectónicamente hablando para que la inmensa cúpula no colapse.

Abandonamos el último monumento que visitaríamos ese día para dirigirnos a nuestros aposentos, descansar y cenar una estupenda pizza en 50 Kalò. Al día siguiente, nos esperaba el Vaticano.


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