Escribir es parar y pensar. Eso, en un mundo dominado por la velocidad de los sucesos, es un acto de rebeldía.
El fútbol, particularmente, es uno de los máximos exponentes de tal característica. Lo sé y lo asumo. En el máximo nivel, eso se multiplica.
Me encuentro, por tanto, en una especie de disonancia cognitiva que intento sanar precisamente aquí.
¡Allá voy!
A finales de agosto o principios de septiembre de 2008 emprendí un viaje camino de Barcelona para inciar mis estudios de fisioterapia. Me acompañaban mis padres y una furgoneta cargada de trastos pero sobretodo de ilusión.
Nada más llegar a la ciudad condal fuimos directos al Nou Camp. El Barça de Guardiola jugaba su primer partido como local, el resto, es historia.
Historia, personal en este caso, también es el tiempo que ha transcurrido desde entonces hasta hoy. Una historia que frenando y reflexionando tras días de, precismente, mucha velocidad, debo agradecer.
Analizando retrospectivamente lo sucedido en aquel agosto de 2008, fué toda una declaración de intenciones. Fisioterapia y fútbol iban a estar ligados en mi vida.
Hoy, 16 años después, formo parte del servicio médico del primer equipo del Olympique de Marsella, l’OM, como dicen aquí.
¿Es casualidad? ¿Es suerte? ¿Es mérito?
Seguramente, es una mezcla. Hay un pequeño porcentaje de infinidad de factores que han contribuido a que esto se produzca.
¡Te lo mereces! Me dijeron algunos de mis amigos y familiares cuando les comuniqué la noticia. Yo, sinceramente, no sé si me lo merezco.
Me explico, quizás me lo merezca, puede ser. Pero hay infinidad de personas que lo merecen y no lo consiguen. Incluso muchos, lo merecen más que yo.
Es muy difícil atribuir o negar el mérito a alguien.
En psicología, a lo que en ocasiones me pasa le llaman « Síndrome del impostor ». Es la incapacidad para atribuirse como propios los logros alcanzados, pensando que no pertenecen a uno mismo sino a factores externos o del azar.
Ante todo eso, parar, reflexionar y escribir, funciona.
Sólo me queda, por tanto, agradecer. Y también, reconocer en dicha reflexión, que la humildad que me lleva al fenómeno del impostor, me lleva también a escuchar a los que me rodean y a guiarme profesionalmente de su mano y de la mano de las nuevas experiencias y sus aprendizajes infinitos.
¡Muchas gracias¡

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