Me propuse escribir el domingo durante el viaje de vuelta de Estrasburgo, pensando yo, muy optimista, que volveríamos a ganar.
Me imaginé triunfante, con una sonrisa de oreja a oreja, celebrando mi primer partido en el banquillo del OM con una victoria a domicilio y durmiendo en lo alto de la tabla clasificatoria.
Nada más lejos de la realidad.
No fue así, ni victoria ni escrito. Doble derrota. Una, de equipo; otra, individual.
Rugieron fuerte los estrasburgueses, medio franceses, medio alemanes. Los marselleses, por nuestra parte, tristes.
Caras largas, pocas bromas, silencio.
Es curioso, el deporte es esto. Una montaña rusa de emociones. Si toca una buena temporada, disfrutas, pero como toque una mala, hay que ser fuerte porque semana sí, semana también, llegan aludes de tristeza.
Déjenme entonces reflexionar sobre la derrota. No la sufrida en la Alsacia francesa, sino las derrotas en general.
Necesito ir recuperando las buenas sensaciones y corregir los errores.
La derrota ¡Qué sensación! ¡Desagradable pero curiosa!
Dicen que se conoce a los hombres en la derrota. Es cuando las cosas no salen bien cuando se ve de verdad quién es cada uno. Yo no estoy completamente de acuerdo en eso.
Estar contento en la derrota es antinatural, contraproducente. Se debe ser respetuoso y digno, pero las derrotas duelen y se sufren. Y así debe ser.
¿Por qué?
Lo que es completamente cierto es que las derrotas también son positivas. No en el corto plazo, pero sí en el largo. Son necesarias. Son parte fundamental de esto.
Principalmente porque no puede haber victoria sin derrota. No puede haber felicidad sin tristeza. No puede haber saciedad sin hambruna. No puede haber descanso sin esfuerzo. No puede haber bien sin mal ni verdad sin mentira.
Nada tendría sentido sin su homólogo negativo.
En el fútbol no habría ganador sin perdedor. Son los perdedores, por tanto, los que significan a los victoriosos.
Como ven y como siempre, EQUILIBRIO.
¡Lástima!
En el fútbol, el equilibrio no sirve; ahí solo vale ganar. Si quedas equilibrado a final de temporada, te quedas a media tabla. Para algunos es el objetivo, sí, pero en realidad a todos les gustaría ganar.
A veces, perder es clave para continuar ganando. Existe el tópico completamente cierto de que, después de una gran victoria, es muy normal que venga una derrota. Fruto, según dicen, de una relajación inconsciente pero natural.
Y ahí sí, es donde se ve no a los hombres, pero sí a los equipos. Los ganadores son los que ganan y ganan y vuelven a ganar. Las grandes victorias, a los ganadores, les empujan a seguir ganando, no a la relajación, porque saben que la victoria llega a final de temporada.
En los ganadores, los éxitos son parte de uno mismo, no un objetivo. Estos llegan porque forman parte de su naturaleza.
La derrota, para los ganadores, es un accidente, un modulador puntual. Se debe conocer, saber que existe, pero solo consumirla con mucha moderación.
La derrota de hoy es la victoria de mañana.
La derrota del domingo fue la victoria del viernes.
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