El sabio de Hortaleza decía: “GANAR, GANAR Y GANAR.”
Y, cuando hay dudas, “VOLVER A GANAR”.
Escribí hace dos meses sobre la derrota. Tiempo, ahora, para la victoria.
Entonces, perdimos cuando esperábamos ganar; esta vez, ganamos cuando esperábamos perder. Una vez más, el fútbol.
Unas veces nos agacha la cabeza, otras, nos hace mirar desde arriba, pero siempre fiel a su esencia.
Me pregunto, a menudo, si no existe una ley natural que ofrece victorias a los tristes y derrotas a los crecidos. La realidad es que en el fútbol no existen ni leyes, ni verdades absolutas. Existe el caos, el desorden y la suerte.
Primera parte floja, nos salvaron Rulli y la diosa fortuna. Frío, viento y lluvia como invitados. Eran las cinco de la tarde con sensación de nueve de la noche. Hauts-de-France, 3 grados a la sombra, solo hay sombra.
Murphy llamaba a la puerta, quería pasar. No le dejamos. Recuerden, en el fútbol no hay leyes. Sin goles al descanso.
Salimos mejor en la segunda, dosis de confianza en el descanso y algún ajuste, una contra y una buena combinación para ponernos 0 a 2. Ya no teníamos frío. La lluvia era agua en el desierto. El viento, oxígeno para seguir corriendo.
Recuerden, no hay leyes pero si esencia.
Uno a dos, frío. Dos a dos, congelación.
Esperen, hay polémica. Protestamos una falta en la jugada que precede a su segundo gol. Expulsión del segundo entrenador. Revisión del VAR. Señala falta, volvemos a tomar la lluvia como agua y el viento como oxígeno.
Falta en la frontal a favor, gol. Magia. 3 puntos.
Ya no llueve aunque cae agua, ya no hace frío a tres grados ni hay viento aunque el aire se mueve rápido.
¡EUFORIA! ¡FÚTBOL! ¡ESENCIA!
LA VICTORIA, EN FÚTBOL, ES ABRAZO.

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