Metafóricamente y a priori, el concepto experiencia es lo que podríamos denominar un charco; lo chafas y salpica. Aunque tras una hora aquí delante y solo 2 párrafos escritos, la experiencia es, metafóricamente, un océano que te sumerge. Veremos si nos ahoga.

¿Qué es la experiencia? Pues depende, como casi siempre y casi todo, del contexto.

Yo no tengo ni idea, pero como experimentador que experimenta, voy a hablar sobre ella. 

Hace un par de días pensaba en lo difícil que es, muchas veces, aprender. Aprender no en el sentido de pasar de desconocer a conocer datos (una palabra en otro idioma o la fecha de un evento histórico), sino de aprender como experiencia.

Aprender por medio de los sentidos y el tiempo. 

La crianza de un hijo, por ejemplo, no se puede aprender sin experimentarla. Quizás la paternidad me acecha y mis instintos me guían.

Claro, no es que sea difícil, es que para según qué aprendizajes, o se experimentan, o no se aprende. 

Las leyes naturales nos consideran maduros cuando nos encontramos bailando en esa fase de nuestra experiencia vital que parte en torno a los 30 años y finaliza alrededor de los 50. A los 30 nos decimos: «chaval, te queda el doble de tu experiencia». A los 50 nos decimos: «chaval, te queda menos de la mitad».

Siempre nos decimos chaval, eso sí. 

Podríamos decir que somos adultos plenos cuando nos encontramos en equilibrio experimental. Es entonces cuando se nos supone más sabios, puesto que atesoramos años de experiencia, al tiempo que nuestras facultades psicológicas nos permiten razonar sobre lo experimentado.

No he venido aquí a analizar el concepto desde la filosofía y resumir los tratados de los principales filósofos que reflexionaron al respecto, puesto que eso es, hoy en día, muy sencillo. Aunque es verdad que sería poco respetuoso si no los mencionara, aunque sea por respeto a mi padre.

Kant y Nietzsche han sido dos de los filósofos que más han analizado la experiencia; sus interpretaciones y pensamientos son, a día de hoy, fundamentales para entender epistemológicamente dicho concepto.

Respecto al concepto “experiencia”, mientras que Kant enfatiza la estructura racional y universal de la experiencia, limitando nuestra comprensión a lo que se puede razonar y categorizar, Nietzsche defiende la experiencia subjetiva y plural, subrayando la diversidad y la ambigüedad de las interpretaciones. Razón y principios universales frente a la subjetividad natural.

Sea como fuere, existen puntos en común, más allá de lo que pueda parecer. La experiencia como aprendizaje es interpretación, razonamiento, análisis, entendimiento, subjetividad individual, etc. Todos son conceptos que de algún modo son comunes en ambos pensadores.

Todo esto para llegar a una conclusión que, aunque evidente, olvidamos en ocasiones.

Las experiencias vitales ofrecen aprendizajes, siendo estos escalables a una proporción increíble. Lo que nos ofrecen los aprendizajes que experimentamos no se puede obtener de ninguna otra manera. Leer, estudiar y escuchar está muy bien, pero hay que lanzarse, vivir, explorar y sentir en primera persona. Es entonces cuando nuestro crecimiento es exponencial e imparable.

La experiencia se siente, se interpreta, se razona, se analiza y se entiende, pero para ello….

HAY QUE VIVIRLAS, SUMERGIRSE EN LOS CHARCOS!


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