La vida padre.

Tengo que reestructurar mi agenda, las prioridades ahora son otras. Al menos el orden.

Ahora mis “películas” cobran mayor sentido, pues si algo tengo claro es que, para ser un buen profesional o el mejor profesional posible, cada cual lo que pueda o quiera, se debe ser antes buena persona.

Mejor dicho, seremos mejores profesionales si somos mejores personas.

Es, por tanto, un gran objetivo para la educación de un hijo: intentar educarlo para que sea, sobre todo, buena persona.

Ligado con eso, pero hijos aparte..

Cuando se trabaja en equipos multidisciplinares, en entornos donde las relaciones personales entre los profesionales que trabajan en equipo son sustanciales, ser buena persona cobra un valor monumental. El fútbol es uno de esos ámbitos.

Algunos creen que el fútbol es fútbol, pero el fútbol es también una empresa, con lo que ello supone.

Casi diría que es casi tan importante ser buena persona como un buen profesional. Bueno, lo digo claramente, es igual de importante. O más todavía, no se puede ser buen profesional sin ser buena persona. Quizás no estés de acuerdo; perfecto. Yo lo tengo claro.

Voy a afinar un poco más. 

En mi opinión, ser un buen profesional significa tener desarrolladas 3 tipos de capacidades:

  1. VALORES (BUENA PERSONA): Es la más importante porque, de alguna manera, permite desarrollar el resto. Son habilidades que nos permiten vivir en sociedad: humildad, respeto, empatía, responsabilidad, esfuerzo… Son características personales, pero no exclusivas de lo profesional.
  1. HABILIDADES SOCIALES O «SOFT SKILLS»: Se relacionan con lo anterior, aunque ya con matices enfocados a la empresa o entornos laborales. Liderazgo, comunicación, creatividad, organización, negociación, adaptabilidad, carisma.
  1. HABILIDADES ESPECÍFICAS O «TECHNICAL SKILLS»: Son las propias de cada profesión, esas que definen claramente nuestro ámbito de actuación.

En el fútbol y en las empresas, los mayores errores no se producen por el desconocimiento o mala aplicación de las habilidades específicas; se producen por desconocimiento o mala aplicación de las “soft skills”.

En mi experiencia, los errores más grandes que he cometido y he visto cometer no se deben a negligencia o mala praxis en fisioterapia como tal; se producen por problemas de comunicación, organización, asunción de responsabilidades, etc.

Ser humilde es más determinante en fisioterapia que haber hecho tres másteres.

Comunicar bien es más determinante en fisioterapia que cinco años de experiencia en fútbol profesional.

Ser organizado y planificar bien es más determinante en fisioterapia que saber todas las técnicas de manipulación del sacro.

Ya me entienden..

Primero construyamos la base para ir por el mundo y luego construyamos el fisioterapeuta que queremos ser.

¿Qué pensáis?

¡Gracias por leer!


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