Ya han pasado dos días desde que una vez más el fútbol nos sorprendiera.
Una vez más el fútbol siendo fútbol.
No nos sorprendió en el fondo, sino en la forma.
Intentamos imaginarnos qué sucedería porque la incertidumbre, aunque es compañera de viaje, nos desprotege y nos hace débiles. Hicimos muchos pronósticos; todos fueron erróneos. Sabíamos que teníamos muchas opciones, pero imaginábamos otro escenario.
Tras un período en el que nuestros perseguidores se acercaron peligrosamente y amenazaron con arrebatarnos la segunda plaza, cayeron el día menos pensado.
No dábamos crédito, se pusieron todos los partidos a nuestro favor. Solo necesitábamos un gol para conseguir el objetivo, esa ansiada plaza para disputar la máxima competición europea la próxima temporada.
El Lille perdía en Brest, Niza perdía en Rennes y Estrasburgo en Angers. Solo el Mónaco hacía los deberes contra el Lyon. Si a alguien le dices horas antes del partido que va a suceder esto, te dirá que estás loco. Pero amigos, se dio. Sucedió.
Esas fueron las formas, que no por inesperadas fueron mal recibidas. Benditas formas. Cuando se trata de ganar, de cumplir, de certificar; cuanto antes, mejor.
Gritamos, corrimos, nos abrazamos. Volvimos a correr y sonreímos. Nos dimos la mano. Algunos besos también hubo. Y miradas cómplices. Muchas bromas, mucha alegría.
Only good vibes, bro!
Para alguien que el año pasado, en este mismo mes de mayo, estaba celebrando un ascenso con el CD Castellón, celebrar ahora un pasaporte a la élite del fútbol europeo con el Olympique de Marsella no es cualquier cosa. Es tope de gama.
Voy a reflexionar en voz alta! ¡Voy a confesar!
Trust the process!
Podría decir esto ahora, sería ventajista. Porque podría haber hecho todo absolutamente igual y no haber conseguido nada. El problema es que, por otra parte, solo confiando en lo que haces consigues algo. Porque como seguro que no consigues cosas es no haciendo nada, no tomando riesgos.
(Parto de la presunción de que cualquier persona que trabaje en el fútbol sueña con competir algún día en la Champions League. O sueña o le gustaría o no lo vería con malos ojos.)
Justamente porque podría haber seguido el mismo camino y haber desembarcado en otro sitio, creo que es justo y necesario celebrar lo que se consiguió. Especialmente porque hay mucha gente que merece mucho y no obtiene los resultados esperados.
No es mérito mío, no soy el responsable.
No somos dueños de nuestro destino. No completamente. Si parcialmente.
No me gusta demasiado lo de “Trust the process”; prefiero “Persigue tu curiosidad”, como dice mi podcaster de referencia, Jaime Rodríguez de Santiago.
No sé exactamente dónde voy, pero sé más o menos lo que tengo que hacer para al menos tener opciones de conseguir algo.
Como dice Beret, el camino es la meta también.
A la vez, soy consciente de que mañana puedo morir en un accidente fatal o que alguna catástrofe me afecte a mí o a alguno de los míos; pero, repito, justamente por ese motivo creo que es justo y necesario celebrar los éxitos cuando suceden. Cuestión de respeto por los demás y por uno mismo.
La felicidad, o como queráis llamarlo: paz interior, Ikigai o el sitio en el mundo, se debe perseguir aunque nunca llegue, aunque nunca tengamos la sensación de haber llegado. Las desgracias, en cambio, acaban apareciendo.
Pensemos en el que tiene mucha suerte, a ese al que nunca le llega la desgracia. Altamente improbable.
Ese también se muere.
Si me permites, como tú también vas a morir, al igual que yo; persigue tu curiosidad y celebra los buenos momentos cuando lleguen.
Por mi parte, ya os iré contando si algún día tengo la oportunidad de trabajar en la Champions League. Faltan unos meses para ello; hoy celebro que conseguimos el billete.
Mañana será otro día.
Gracias por leer!

Deja un comentario