Sala de masaje.
Cada vez que veo esa frase en las zonas que nos ceden los hoteles para trabajar durante los desplazamientos me salen eccemas en la piel.
Con todos mis respetos, hay que llamar a las cosas por su nombre. Más si cabe cuando se refiere uno a la profesión de otro.
Somos fisioterapeutas, no masajistas.
Vieja reivindicación esta.
Todavía cuesta que no se nos vea solo como los de los masajes. Hemos avanzado, también hay que reconocerlo.
Pero hoy mi reinvindicación es distinta.
Masajes, here we go!
Noto, desde hace ya un tiempo, un cierto desprecio hacia el masaje como técnica manual de tratamiento.
Por no querer que se nos llame masajistas, hemos acabado por denostar el masaje.
Craso error.
No debería haber en el mundo del deporte ni un solo fisioterapeuta trabajando que no supiera hacer un buen masaje.
El masaje es como el buenos días, el porfavor y el gracias.
Es fundamental, crucial, esencial, vital, clave y necesario.
No sirve para todo pero siempre debe estar preparado.
Desatasca.
Es difícil que haciendo un buen masaje el paciente no quede satisfecho.
Luego ya veremos cómo solucionamos el problema. Pero oye, ahí queda ese masaje.
Nos van a recordar por ello.
Las manos manejadas con sentido y firmeza transmiten mucho más de lo que pensamos.
Es un adherente. Crea confianza.
Cuando alguien entre por la puerta de vuestra clínica pidiendo un masaje, cogedlo.
Y, si no queréis, dadle mi teléfono.
Somos fisioterapeutas, no masajistas.
Somos fisioterapeutas, hacemos masajes.
Buenos días!
Gracias!

Deja un comentario