Entre la evidencia y la incertidumbre.
La fisioterapia habita en una frontera ambigua: la que separa la ciencia de la práctica humana.
Trabajamos con datos, estudios y protocolos; pero también con personas, contextos y emociones imposibles de medir con precisión.
Durante años se nos ha repetido que debemos “basarnos en la evidencia”. Y, sin duda, la ciencia nos ha ofrecido un marco que nos protege del dogmatismo.
Pero ¿podemos decir que la fisioterapia es una ciencia en sí misma, o más bien una aplicación científica del conocimiento?
La fisioterapia bebe de muchas ciencias, pero aún no genera la suya propia.
Nuestra profesión se nutre de la biología, la neurociencia, la psicología, la biomecánica y la sociología del movimiento.
Sin embargo, todavía no produce teoría científica original con la misma profundidad que esas disciplinas.
La fisioterapia aplica el conocimiento existente a la complejidad del cuerpo humano en movimiento, y en ese acto traduce la ciencia a la realidad.
La diferencia es sutil, pero importante: la ciencia busca controlar variables; nosotros trabajamos con realidades que escapan al control.
La evidencia científica: necesaria, pero insuficiente.
La llamada “práctica basada en la evidencia” se ha convertido casi en un mantra.
Y, aunque es una guía esencial, conviene reconocer sus límites: gran parte de nuestras intervenciones no cuentan con una evidencia científica sólida o consistente.
Técnicas manuales, electroterapia, vendajes o ejercicio terapéutico se sostienen muchas veces más en la experiencia clínica, la observación y la coherencia interna que en estudios concluyentes.
Qué decir de la fisioterapia invasiva, tan poco respaldada por estudios contundentes y tan eficaz en la práctica habitual.
¿Significa eso que no funcionan? No necesariamente.
Significa que la evidencia aún no ha aprendido a medir todo lo que hacemos, ni todo lo que importa.
Lo que la ciencia aún no alcanza.
Hay factores que la ciencia todavía no puede cuantificar: el poder del contacto, la empatía, la escucha activa, la relación de confianza.
Elementos invisibles que transforman el resultado terapéutico tanto como la técnica o el ejercicio.
No se trata de elegir entre ciencia o intuición, sino de entender que la fisioterapia vive en el espacio que las une.
Conclusión: abrazar la incertidumbre e interpretar el contexto para aplicar la mejor ciencia según nuestra experiencia.
Quizá la fisioterapia no sea una ciencia pura, pero sí puede aspirar a ser una práctica científica: una forma de pensar, de observar, de cuestionar y de actuar con sentido crítico.
Ser fisioterapeuta hoy implica convivir con la duda.
Entre la ciencia que nos guía y la experiencia que nos revela, hay un espacio fértil: el de la reflexión crítica.
Allí nace la verdadera fisioterapia.
La ciencia es, sin duda, la mejor manera que tenemos de conocer el mundo.
Pero, de momento, no lo explica todo.

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