« Victory belongs to the most tenacious »
Esta frase preside la Philippe Chatrier.
Entiendo e imagino que ayer Alcaraz miró para arriba unas cuantas veces. Miró, comprendió y ajustició.
Almenos tres, para levantar las correspondientes tres bolas de partido frente a Sinner.
Destrozó mentalmente a su rival.
No tengo pruebas pero tampoco dudas de que esas tres bolas de partido perdidas, todavía resuenan como martillos pilones en la cabeza del italiano. No tengo pruebas ni tampoco dudas de que lo harán por mucho tiempo. Quizás para siempre.
«No he he regalado ningún punto, pero esto duele» declaró Jannik tras el partido.
Alcaraz ya es historia.
Hasta ayer solo hubo dos jugadores en la historia del tenis capaces de levantar pelotas de partido en una final de Grand Slam. Fueron Gastón Gaudio en París 2004 y Novak Djokovic en Wimbledon 2019. El primero levantó una, el segundo dos y ayer Carlos Alcaraz levantó tres.
Dos sets abajo, 5/3 y 0-40 en el tercero. Es que es una barbaridad. Es alimentarse del miedo. Comer dudas. Pasta, risotto y pizza.
De postre, Panna Cotta.

El murciano conoce bien la tierra y la grada de París. Es pura tenacidad.
« se refiere a la capacidad de una persona para perseverar y mantenerse firme ante las dificultades, los fracasos o los desafíos. Implica tener una determinación fuerte y una voluntad inquebrantable para seguir adelante, incluso cuando las circunstancias son adversas.»
Alacaraz es al tenis español lo que Lamine Yamal al barcelonismo.
Está consiguiendo hacer olvidar, o recordar con menor nostalgia, al mejor de todos los tiempos. Don Rafel Nadal y Parera.
Porque no es el fondo, son las formas.
No basta con ganar, hay que ganar bonito.
Los aficionados no quieren victorias quieren saltar del sofá y mirarse asombrados.
¿Cómo es posible? ¿Has visto eso?
Queremos las manos en la cabeza. Cuantas más veces mejor.
Ahora Alcaraz es Carlos pero nos recuerda a Rafa.
Cabeza, Corazón y huevos.
Y tenacidad, por supuesto.
Lo dijo Roland Garros.

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